La vivienda vuelve a estar en el centro de la actualidad. Y con ella, la incertidumbre para muchos propietarios que alquilan.
Sin entrar en el debate político, estos días ponen de manifiesto una diferencia importante entre invertir para alquilar e invertir en nuda propiedad.
En la nuda propiedad no hay una renta mensual que cobrar ni un inquilino que gestionar. La persona mayor conserva el usufructo y continúa viviendo en su casa durante el plazo acordado o, si es vitalicio, durante toda su vida mientras el inversor adquiere la nuda propiedad con una visión de largo plazo e intención social.
No hay rotación de inquilinos, riesgo de impago de rentas ni necesidad de volver a alquilar la vivienda cuando termina un contrato. Es otra forma de invertir en residencial, orientada a construir valor a largo plazo y asistir a una persona mayor a liberar ingresos de su vivienda para estar mejor preparado económicamente para la jubilación.
Y hay algo que para nosotros es esencial: los intereses están alineados.El mayor obtiene la liquidez que tanto necesita sin tener que abandonar su hogar.
El inversor accede al mercado residencial con una estrategia de largo plazo y sin las fricciones propias del alquiler.
Dos necesidades distintas. Una misma vivienda. Un horizonte compartido.